Isinbayeva, las primeras cuatro décadas de una leyenda

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A los 15 años, la vida suele a dar muchas vueltas; por ello, ni siquiera Natalia Petrovna logró intuir que su primogénita, nacida el tres de junio de 1982 en la heroica ciudad rusa de Volgogrado estaba destinada a ser alguien especial para el mundo. Lo recalco porque para las madres, los hijos son siempre especiales… Pero Yelena, al parecer, sabía que con esfuerzo podría llegar a cumplir aquella promesa: “Voy a ser la mejor del mundo y campeona olímpica”, le había dicho a su madre en una tarde de juegos en casa, años atrás.

Su palabra, desde luego, peligró cuando con 15 años se quedó sin el sueño gimnástico por ser demasiado alta (1,74 metros). Entonces, Alexandr Lisovói (su instructor de gimnasia) tuvo la claridad de presentarle la chica a su amigo y entrenador de salto con pértiga, Evgeny Trofimov. Allí le hablaron por primera vez sobre Bubka, y contestó: “¿Y esa quién es?”…

Pero de la mano de Trofimov, la talentosa discípula encontró en la vara una amiga y utilizó cada una de las bondades heredadas de sus 10 años inmersa en acrobacias gimnásticas para dominar su cuerpo en el aire, y volar. Seis meses después de aquel encuentro, la primogénita de Natalia y Gadzhi Gadzhiyevich Isinbayev, ganó su primer título en Moscú en los Juegos Internacionales Juveniles de 1998. Desde ese día, el éxito se convirtió en su palabra de orden y Lena resonó en el mundo mientras el salto con pértiga florecía gracias a su empeño. Los años pasaron y las marcas no lograron resistir sus embates.

El mundo fue cómplice de cada una de sus incursiones, todas espectaculares; como el más fiel legado de aquella mujer decidida y emprendedora que trabajaba con la precisión de una máquina pero que, a su vez, no dejaba de mostrar su más pura humanidad. Hoy, quince años más tarde, todo se ve mucho más claro. El panorama mundial ha cambiado aunque Serguéi sigue siendo un referente, solo que ahora debe compartir sus honores con ella, con Yelena Isinbayeva, la misma chica que a la edad de 15 años no alcanzaba a reconocerle.

¿Quién iba a imaginar que la cruda decisión de Lisovói le abriría las puertas a una supremacía mundial sin precedentes?

Con mucho esfuerzo y sacrificio invertido en el intento, ya Lena no fue más aquella niña; se convirtió en una mujer que construyó una carrera fantástica. Ganando compañar de dos títulos olímpicos, siete mundiales y 28 cotas planetarias establecidas, entre ellas la actual de 5.06m que yace intocable desde 2009.

Hoy, cuando Yelena Isinbayeva cumple sus 40 años, sirva esta semblanza como pretexto para hacer el panegírico de esta rusa excepcional. La dueña de la primera historia que conté. La protagonista de aquellas locas letras que me han traido hasta aqui.

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