La magnitud del Señor de los 400

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Editorial: Osmani Urrutia, el Sr. 400, está de cumpleaños. Para recordarlo nada mejor que esta pequeña crónica, que resume los pasajes del encuentro más cercano que he tenido con este hombre genuino. De esos momentos que te regala la vida, y que te enseñan por qué siempre hemos de creer en que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

Yo me voy a morir en Macagua

Escrita: Sep 2, 2014

Me habría gustado hablar mucho más con él. Conversar con intencionalidad. Preguntar. Explorar, con el diálogo, su territorio y ser, ¡cómo no!, vehículo para la difusión de sus palabras. Cada una mucho más aleccionadora y convincente que todos los “Por cuanto” que acompañan, por ejemplo, esa ley de remuneración que, cual medida desesperada, llega con intenciones de convertirse en la salvación para el deporte cubano. Pero Osmani Urrutia no quiso. El señor de los .400, como otros tantos de su generación y la que le antecede, no concede entrevistas, aunque gusta de hablar, de eso no hay dudas.

Lo abordé buscando una foto y terminé empleando los últimos 40 minutos que me quedaban para no perder el último viaje del barco y poder regresar a casa.

En Puerto Padre (Las Tunas), llegarse hasta sus playas tiene su valor agregado. Más allá del sabroso chapuzón en el Atlántico existe la posibilidad de navegar 5 minutos para atravesar el canal de entrada al Puerto Carúpano. Es el enclave portuario más importante de la provincia y se localiza en el Cayo Juan Claro; un pedacito de tierra hasta el cual se construyó el primer pedraplén de Cuba. El mismo lugar en el que Fidel Castro inauguró (20 de enero de 1978) la terminal de azúcar a granel; un suceso que clasifica entre los más ilustres recuerdos que guarda este municipio y su gente en su memoria histórica post 1959.

De vuelta a Osmani; estaba allí, en la playa La Boca, disfrutando del mar y de la compañía de su hijo y de la niña de Joan Carlos Pedroso; su amigo más allá del home plate.

Luce exactamente igual que cuando solía batear para liderar el escarpado departamento de bateo en las Series Nacionales. Una empresa que conquistó en seis oportunidades, cinco de ellas con registro superior a los 400 puntos de average. Tanto yo, como otros miles de aficionados estamos seguros de que habría rendido un poco más, pero la desilusión cala en lo profundo y socava el deseo. Tal vez de ello brotan las razones por las que Osmani dijo adiós sin pensarlo mucho; consciente de que el bate se haría mucho más pesado cada vez.

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Nos concedió la foto y hasta aceptó un trago.

imagen • Entre Jugadas
Foto tomada en la ocasión que relata el texto. autor: José Alberto González Puig

– Es malo, dije refiriéndome al ron. Cuando se adquiere algo a granel, se tiene conciencia de que nunca lleva la calidad inicial. Lo que se produce para ser distribuido de esta manera no recibe el beneficio del proceso más fidedigno. La falta de empeño, sobre todo si se trata de un producto destinado a comercializarse en moneda nacional, siempre acusa. Aún así, él bebió con gusto.

– Es ron Cucalambé; es de la tierra. Nosotros somos gente buena. Yo no soy de La Habana, ni de Jobabo, yo soy de Macagua.

Y el “buche” lo animó.

– A mí me gusta conversar con la gente. Hacer amistades. Saber que este ratico que estamos aquí hablando valdrá para que mañana ustedes me vean y me saluden. Y si están en Las Tunas sepan que en mi casa siempre tendrán un buchito de café. Yo no soy de periódicos, ni na´. En mi carrera tuve momentos duros, y en esos ningún periodista me quiso ayudar.

Su pausa me transporta al Confesiones de Grandes, al asunto cuasi increíble de cómo le dejaron a un lado. Otro vestigio de esas decisiones incoherentes, de la falta de determinación y, sobre todo, de transparencia que a ratos caracteriza el proceder de la Comisión Nacional de Béisbol.

– ¿Pero los .400 que usted bateó en la Serie Nacional nadie se los puede quitar? –fue mi intento para retomar diálogo y aprovechar cada minuto-

– Si, (Yadier, ven para acá, que eso está hondo), al igual que los Once Años que estuve en el Equipo Nacional, pero uno se tiene que ganar las cosas, y yo, humildemente y con mucho sacrificio me gané lo que tengo y lo que soy. No creo en el falso honor. A la gente buena le vale más una mano en el hombro en el momento difícil, que una casa cuando ya el mal está hecho. ¡Los muchachos se están yendo!, lo sabemos y lo decimos, pero, hay que preguntarse por qué.

Yo me voy a morir en Macagua, porque es lo que quiero. Estoy orgulloso de todo lo que hice, como también vivo agradecido por todo lo que Fidel Castro hizo por mí. Yo soy un hijo de Fidel, y por eso estaré siempre aquí.

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Ahora estoy ayudando a Hermidelio en Tunas, y lo único que quiero es tener salud para criar a mi chama y para poder a ayudar a todo el que pueda.

Lo abraza.

– ¿Será pelotero?, era inevitable la pregunta.

– Bueno, contesta, acaba de entrar a la EIDE (Se refiere a la EIDE Carlos Leyva de Las Tunas).

– El reto es duro, digo y trato de agradar. ¿Cómo se llama el futuro champion bate?.

– Se llama Osmani, tú sabes, los guajiros siempre le ponen el nombre del padre a su hijo. Osmani Alejandro Urrutia.

Tomado: DEPORCUBA

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