Voleibol cubano: Que el sueño no se diluya en estrategias pantanosas

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¿Que el voleibol masculino cubano nos ha puesto a soñar? Es cierto. Como también el hecho de que todavía el listón de rendimientos de nuestra escuadra tiene mucho margen de mejora.

Seguí de cerca la XV edición de la Copa Panamericana que recién culminó en Gatineau, Canadá, donde, para ser objetivos Cuba partía como favorito.

Desde Madrid, a unos 5.684 km de la sede del certamen, y a otros 7.435 de La Habana, Cuba; con seis horas de diferencia hice un pacto de no agresión con Morfeo, con tal de constatar el desempeño de nuestro elenco, el cual, lesiones de algunos de sus jugadores aparte, inscribió a lo mejor con lo que contamos en la actualidad.

Con esas credenciales y los principales adversarios (Canadá, Estados Unidos, y Brasil) presentando a combinados de segunda y tercera línea, y un equipo sub-21 en el caso de los auriverdes, pudiera pensarse que el camino hacia la Liga de Naciones de 2023 se antojaba un tanto allanado.

Eso sin demeritar. Sucede que las armadas principales de esos países tienen los cinco sentidos puestos en el Campeonato Mundial de Polonia-Eslovenia, el cual descorrerá sus cortinas el próximo día viernes 26, y en el cual Cuba debutará frente a Brasil en esa propia fecha, como parte de un grupo B en el cual también militan Japón y Catar.

Hablamos que Japón y Brasil culminaron en respectivos quinto y sexto escaño de la recién finalizada edición de la Nations League, dominada por Francia, y con Estados Unidos y Polonia como escoltas en el podio. Bien rocoso nuestro grupo mundialista.

Remate de rendimiento en Gatineau

De vuelta a lo acontecido en canchas canadienses, el sexteto antillano barrió a sus rivales en los cinco choques efectuados; incluidas par de sonrisas frente a Chile en fase de grupos y en semifinales luego. Precisamente en esa instancia preliminar los nuestros emergieron con el mejor rating performance (1.225), avalados por 228 puntos favorables y 186 en contra.

Hurgando un poco más en las estadísticas de rendimientos colectivos hallamos que nuestro elenco se sigue moviendo sobre sus principales pilares históricos: el ataque, el cual comandaron con un 56.85% de efectividad producto de 116 tantos positivos por ese concepto en 220 intentos; el bloqueo, donde recalaron segundos con un 2.33 de average por set (35 efectivos en 150 intentos globales), a la escolta de Estados Unidos (2.48 gracias a 52 en 266).

A lo que se suma el servicio (cuartos con media de 1.60 aces por parcial, de un total de 24 en 370 intentos globales. Acá lideró Canadá con 1.95; pero llama la atención que Cuba, con 73 faltas fue el que menos cometió entre las cinco selecciones de avanzada.

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Quiero abrir un paréntesis, pues en esta ocasión, amén de no enfrentar esos servicios rivales temerarios dado el nivel antes mencionado de los oponentes, igualmente lideramos el recibo, con 56.45% de efectividad, 154 valorados de excelente y solo 14 faltas en 248 intentos, en buena medida gracias a la faena del líbero Yonder García, líder en dicho apartado, y entre los jugadores de su posición.

A esos rubros debemos adicionar la cuarta plaza en materia de pases, y el séptimo en la defensa de campo, un lado flaco histórico en nuestros representativos, tanto masculinos como femeninos.

Esos performances colectivos lógicamente se sustentaron en rendimientos loables en el plano individual, en el cual a la condición de MVP de Osniel Mergarejo, acompañada de su premio como mejor atacador auxiliar, se añadieron las distinciones de opuesto más destacado para Jesús Herrera; mejor servicio para Miguel Ángel López, y recibidor de vanguardia ya mencionado para Yonder.

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Melgarejo fue el MVP del evento

Por ejemplo, entre la decena de mejores atacadores colocamos a Herrera (1ro-64% de efectividad); Melgarejo (3ro-61.90); y Miguel Ángel López (8vo-42.67%). El propio López comandó el servicio (0.67 aces por set); rubro en el que Herrera ancló octavo (0.33); mientras el central Liván Osoria culminó en esa misma plaza entre bloqueadores (0.47).

A tenor de lo exhibido sobre el tapiz, y luego de alzarse con el primer lugar, cabe decir que ciertamente los comandados por Nicolás Vives, cumplieron con su cartel de “equipo macho” precompetencia. Pero no debemos dejar que el cáliz del triunfo nos obnubile la visión de cara al futuro inmediato, y el que sea capaz de continuar fraguando esta generación que lleva una racha de 18 sonrisas en igual número de salidas.

Para no caer nuevamente en el pantano

Hay otras variables asociadas al rendimiento que necesariamente creo debemos manejar. Para ello haré un pequeño viaje introductorio en el tiempo, y rememorar dos situaciones las cuales considero guardan alguna relación con el pictograma actual.

Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Nuestra escuadra llegaba como tercera del ranking mundial y luego de durante ese ciclo imponerse en la Liga Mundial de 1998 y quedar segunda en las versiones de 1997 y 1999 al caer ante uno de sus sempiternos verdugos: Italia.

Entonces llegamos al torneo y en el grupo B cedimos ante Brasil y Holanda, para avanzar terceros a las instancias decisivas.

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Ciertamente Brasil y Holanda eran de los equipos de la llamada súper élite entonces, pero más allá de las ubicaciones (en definitiva, culminamos séptimos), quiero reflexionar sobre un parecer: el desgaste físico y problemas de molestias que enfrentó ese conjunto.

Hablamos de que el grueso del plantel, prácticamente todos sus titulares, habían sido contratados en los principales conjuntos de la Serie A-1 italiana, entonces, al igual que hoy día desde mi perspectiva, el mejor certamen en materia de calidad a nivel de clubes.

Luego de jugar un volumen considerable de partidos en ese escenario, con alto grado de protagonismo en sus combinados, nuestros jugadores enfrentaron la preparación de cara a la lid bajo los cinco aros, con cargas físicas acumulativas considerables; lo cual incidió en su posterior rendimiento en los Taraflex australianos.

En el caso del plantel que emergió como subcampeón en el Mundial del 2010, a ese factor, sin tamaña notoriedad, se sumó el hecho de que un enemigo mortal de nuestro voly y deporte en general, el éxodo de jugadores, hizo mella en la estabilidad y nivel de juego de los nuestros. Desenlace: ni siquiera pudieron obtener un cupo clasificatorio a Londres 2012.

En la actualidad, un criterio que he reiterado en disímiles ocasiones, los jugadores adquieren el grueso de su preparación individual jugando sus respectivos torneos ligueros. Hay un nivel de maestría tal en el entorno más excelso del voly, como de otras tantas disciplinas deportivas, que no se requieren prolongados periodos de preparación o adquisición de dinámicas de team-work.

Esto, lejos de tributar de forma positiva al engranaje de un equipo, puede convertirse en un enemigo. Creo que debería revisarse esta cuestión, pues más de dos décadas después de Sydney, la seguimos presentando como hándicap.

Los problemas de lesión que presenta el equipo Cuba a poco más de una semana de iniciar su andadura mundialista, creo se corresponden en buena medida con criterios de desgaste excesivo o el llamado sobreuso, de una parte no despreciable de sus miembros.

Es indiscutible el crecimiento en el orden individual que han adquirido la gran mayoría de nuestros jugadores contratados en el exterior. El simple hecho de ser más demandados en el circuito italiano (tenemos seis jugadores en ese certamen), el francés y otros de notorio calibre como la presencia de Miguel Ángel López en el Sada Cruceiro, referente brasileño, habla de la calidad de nuestro voleibol.

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Baste recordar que en poco más de dos décadas por distintas razones hemos perdido casi 200 jugadores, lo cual nos ha obligado prácticamente de manera constante a renovar nuestras escuadras.

Otra cuestión insoslayable es el hecho de atemperar los saberes del cuerpo de dirección a los criterios que rigen la disciplina en la contemporaneidad. Vives, desde el 2016 asumió las riendas de la escuadra, y hasta la fecha, en lo personal no he tenido la dicha de celebrar un rendimiento supremo.

El voly mundial se ha revolucionado, y solo sobreviven en la élite equipos cuyo accionar es compacto, y las diferencias entre los distintos indicadores de juego no es notable. Si a eso le sumamos que, al menos en los tiempos técnicos que solicita para aconsejar o encausar el juego de sus pupilos en las distintas competiciones internacionales, no se muestra muy elocuente, o analítico…

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Cuba (escaño 12 del ranking universal) disputará un apartado B mundialista rocoso. Brasil y Japón me atrevería a decir que en este minuto exhiben un nivel de juego superior al de nuestro plantel. Encima varios puntales de la selección arribarán a Eslovenia con problemas físicos o saliendo de molestias, lo que indica que no estarán al 100% de sus capacidades.

En el mover con acierto a todas sus piezas de seguro estará una de las claves de posible acierto, pero al parecer esa rotación, con un nivel de exigencia mucho mayor que el que tuvimos en Gatineau, será cuando menos, poco probable. De hecho, considero que en el mondoflex canadiense pudimos combinar mejor nuestras piezas en aras de no acrecentar los problemas de salud existentes en la escuadra.

Esta generación indiscutiblemente nos pone a soñar. No creo esté al nivel de la que nos regaló nuestro único cetro liguero y que lideraban Ihosvany y Osvaldo Hernández, Ángel Dennis, Leonel Marshall, Ramón Gato, Alain Roca y compañía. Como tampoco al de esa de 2010 con Wilfredo León, Robertlandy Simón, Michael Sánchez, Raidel Hierrezuelo, Yoandy Leal, Rolando Cepeda, Fernando Hernández, y Osmany Camejo, como actores protagónicos.

Entonces con más razón habrá que poner todo el tino y desarrollar todas las estrategias posibles en pos del éxito. Sucede que a veces el néctar del triunfo y el componente emocional pueden y han solido empantanarnos si de proyección futura y solidez en el desarrollo de una escuadra se trata. Ya el mundial nos dirá verdaderamente por donde andan los tiros.

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